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viernes, 25 de abril de 2014

La política y la influencia en House of Cards


¿No hay nadie por estos lares que se atreva a crear una serie de ficción como “House of Cards”? Y no me diréis que no hay protagonistas en este país como para recrearla y hacer no una sino todas las temporadas necesarias para poner en órbita la corrupción y la influencia del poder político y financiero.
¿Ah que no sabéis de que va? Haber empezado por ahí…me pongo a ello, a ver si consigo transmitiros un poquito la esencia de “House of Cards”, serie imprescindible y necesaria para nuestra higiene mental y ¿democrática? O para entender si es posible, cómo funciona el poder político y financiero.

Este drama político se desarrolla en Washington, donde un fascinante embaucador, implacable y ambicioso congresista llamado Frank Underwood (espectacular Kevin Spacey) y su gélida y calculadora mujer Claire (robótica Robin Wright) gestionan y manejan a la perfección los entresijos del poder y de su influencia para conseguir un puesto importante en la Casa Blanca.

En la primera temporada Frank, conocedor de la importancia de los medios de comunicación, utilizará a una joven ambiciosa y prometedora periodista Zoe (grande Kate Mara) proporcionándole información privilegiada para desestabilizar a sus adversarios y hundirlos en la miseria si es necesario con tal de que no se interpongan en su camino hacia el poder político.
Y esa estrategia es la que utilizará cuando el recién elegido Presidente de los Estados Unidos por el partido demócrata le diga que no puede cumplir el acuerdo que tenía con él para que fuera Secretario de Estado. Frank maquinará una nueva forma de llegar al poder con el apoyo de su esposa.

¿Qué hace que “House of Cards” sea diferente y especial? Pues que tiene muchos ingredientes para recomendarla, para empezar que está producida por David Fincher y Kevin Spacey y dirigida por el primero en los dos primeros capítulos. Para continuar, su factura recreando las élites política y financiera de Whasington en todo su esplendor, con todo lujo de detalles donde no se escatiman medios. Cuentan que la primera temporada costó unos 50 millones de dólares.
Pero si todo esto no te convence, puede que ver lo que se cuece en los entresijos de una de las ciudades más poderosas del mundo como es Whasington te anime a verla. Si quieres encontrar depredadores, estás en el lugar adecuado. Además hay que unirle la ambición extraordinaria de su personaje principal, Frank Underwood por controlarlo todo y a todos y su ejemplar interpretación egocéntrica con esas conversaciones espontáneas en las que se dirige directamente a la cámara.

En el menú también entra todo lo que se te ocurra que pueden hacer los políticos y poderosos por conseguir sus objetivos.
La corrupción; el dinero lo compra todo, silencios, voluntades, personas, puestos, contratos y les salva de situaciones peligrosas (como cuando eliminan la detención del candidato a gobernador por conducir bajo los efectos de las drogas y el alcohol, soberbio Corey Stoll).
La ambición de todos los personajes como la de la periodista Zoe que utiliza su cuerpo para conseguir influencia con el congresista. La ambición de Claire, la esposa hierática que elige muy bien sus palabras y sus acciones y aprovecha a la perfección su estatus de privilegiada. Y claro la de Frank, lo que pasa que la suya se alza por encima de todos las demás…
El sexo siempre se puede utilizar como moneda de cambio. “El sexo tiene que ver con el poder”.
La sofisticación es ejemplar en “House of Cards”. El poder es sofisticado y también tiene que aparentar. No puede ser vulgar y ordinario, necesita una puesta en escena y en esta serie, la tiene.

Y por último, os dejaré unas frases de Frank Underwood que reflejan a la perfección su papel.
“La democracia está sobrevalorada”

“Los que tratamos de estar en lo más alto de la cadena trófica, no podemos mostrar compasión. Solo hay una norma: cazar o permitir que te cacen”. Pues eso...

sábado, 7 de septiembre de 2013

En qué se parecen The Bridge, Scandal y House of Cards


foto: cokeundpopcom


Para quien no la conozca, The Bridge es una serie, un drama (que algunos podrían catalogar de menor) a mi parecer muy sobresaliente donde se crea una ambientación sublime. ¿Que de qué va? pues de la frontera entre El Paso (EEUU) y Ciudad Juárez (México). Una inspectora de homicidios, Sonya Cross interpretada por Diane Kruger, metódica y disciplinada, con falta de habilidades sociales y su homólogo en la otra parte de la frontera, Marco Ruiz al que le da vida un carismático y sólido (Demian Bichir). Juntos tendrán que resolver un caso de asesinato cuyo escenario del crimen es justo la línea de la frontera. 
En esta ficción palpas la cruda realidad de la frontera. El calor, la arena del desierto, el escaso valor que tiene la vida, el universo de corrupción a ambos lados y el tráfico de personas, armas y drogas. Además de los capos mexicanos y la mezquindad del FBI, nos encontramos con un abanico de personajes de los que fluye un poso muy amargo acorde con la miseria del alma y con la realidad de la frontera. Aunque también es cierto que existe un apunte de luz y de optimismo por aquellos protagonistas que luchan por hacer bien las cosas y por su supervivencia.

Hasta aquí os preguntaréis que esto lo podíais haber leído en cualquier reseña sobre la serie. Bueno, vamos a conectarlo con Scandal y House of Cards

La miseria humana es el común denominador de estas series. Si en The Bridge, el enfoque es asfixiante en cuanto a la lucha por sobrevivir en un ambiente terriblemente viciado y donde influye mucho la falta de recursos y el escenario árido y seco, en Scandal el punto de vista cambia por completo hacia la sofisticación y el lujo. El despacho de Olivia Pope que se interesa por casos complicados pero cuya intención es la de sacar de apuros a diferentes personajes y obtener beneficio por ello, tiene la característica de tener un equipo en el que cada uno tiene una función específica. La antigua jefa de prensa de la Casa Blanca juega siempre en el filo de la navaja.

Lo extraordinario de esta serie es que todo el mundo, de alguna u otra manera es sucio, no hay tibiezas, desde el presidente de los EEUU, pasando por su asesor personal Cyrus (Jeff Perry) un depredador político al servicio del país, Huck (Guillermo Díaz), el hacker y ex-agente de la C.I.A con un oscuro y temible pasado, entre otros hasta llegar a la propia Olivia que utiliza su influencia con el presidente para conseguir favores. 

Así como en The Bridge los inspectores buscan un bien común (resolver un caso) y sus personajes arrojan sinceridad y voluntad por mejorar su entorno para beneficio de la población y es el territorio y la zona lo que enrarece y hace irrespirable el aire. En Scandal el aire está viciado por los protagonistas que despiden un olor fétido y donde la falta de moral en la mayoría de las situaciones genera un desarrollo de la trama sombrío donde el poder de influencia genera muchas soluciones.

Este poder de influencia es el argumento principal de House of Cards, ambientada en los entresijos de la Casa Blanca y sus congresistas. Aquí aparece Francis Underwood (magistral interpretación de Kevin Spacey), un despiadado y manipulador congresista que mueve los hilos y donde la codicia, la corrupción y el sexo son temas principales en la serie. 

Aquí elevamos el común denominador de las tres series, es decir la miseria humana, a la categoría especial. Podríamos decir que el arte para mover piezas y hacer tejemanejes en el alto standing de Whasington D.C está dotado de una inspiración total (ayuda el presupuesto de 50 millones de dólares y que varios directores entre ellos David Fincher y Joel Schumacher hayan dirigido algún capítulo). 

El poder en su máxima expresión. Utilizar todos los medios de que dispones para conseguir tu objetivo. No importa si está bien, no importa si está mal, no hay ni ética y por supuesto ni una pizca de moral. Cada uno de los personajes emplea todos sus recursos ( en el caso de la periodista no son económicos) para lograr escalar en las posiciones del poder. Todos quieren algo, y todos harán lo que sea para conseguirlo. 
Da miedo pronunciar la siguiente frase: la realidad siempre supera la ficción.

¿Qué opináis de estas series?